La ganadería malagueña en situación crítica: la facturación del sector cae más de un 10% al cierre de 2025
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El sector ganadero de la provincia de Málaga atraviesa uno de sus momentos más delicados de la última década. Según los datos de balance anual publicados este viernes, la facturación global de la ganadería malagueña ha cerrado el año 2025 en 128 millones de euros, lo que representa una caída del 2,11% respecto al año anterior y un descenso acumulado del 10,4% en los dos últimos ejercicios. Las cifras confirman una tendencia negativa que pone en riesgo la viabilidad de cientos de explotaciones, especialmente en las comarcas del interior.
Dos factores principales han golpeado con dureza a los productores: la sequía persistente, que ha encarecido la alimentación suplementaria por la falta de pastos, y la incidencia de enfermedades animales. A esto se suma una crisis de precios en subsectores clave como el caprino de leche, donde la reducción de la cabaña ganadera no ha logrado, paradójicamente, repuntar los precios lo suficiente para cubrir los costes de producción disparados.
El informe de cierre de año para la ganadería en Málaga dibuja un panorama sombrío. La facturación ha pasado de los casi 143 millones de euros en 2023 a quedarse en apenas 128 millones en este 2025. El sector caprino, emblemático en la provincia y fundamental para la economía de zonas rurales y de montaña, es uno de los más afectados. La producción de leche de cabra ha sufrido un descenso continuado en el número de cabezas, y la facturación por carne de chivo ha caído hasta los 5,67 millones de euros, marcando el peor registro desde el año 2010.
La Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (ASAJA) en Málaga ha señalado que las amenazas sanitarias han sido determinantes este año. La aparición de brotes de enfermedades como la viruela ovina y caprina en regiones cercanas, junto con el temor a la expansión de la Enfermedad Hemorrágica Epizoótica (EHE) en el vacuno y la presión de la gripe aviar, han obligado a los ganaderos a invertir grandes sumas en bioseguridad y tratamientos, mermando aún más su rentabilidad. A pesar de que estas patologías no afectan a la calidad del producto para el consumo humano, sí generan bloqueos comerciales y costes indirectos inasumibles para las pequeñas explotaciones.
Por otro lado, la sequía hidrológica que arrastra Andalucía ha dejado los pastos naturales bajo mínimos durante gran parte del año. Esto ha obligado a los ganaderos a comprar pienso y forraje externo a precios que, aunque se han moderado respecto al pico de la guerra en Ucrania, siguen siendo elevados en comparación con los precios de venta de la carne y la leche. El sector vacuno de carne en la provincia apenas ha logrado facturar 6,32 millones de euros, mientras que el vacuno de leche se sitúa en unos testimoniales 3,36 millones.
Ante esta situación, las organizaciones agrarias reclaman a la Junta de Andalucía y al Ministerio de Agricultura un plan de choque específico para la ganadería extensiva y semi-extensiva. Solicitan ayudas directas que compensen las pérdidas por sanidad animal y medidas estructurales para garantizar el abastecimiento de agua en las explotaciones. Sin un relevo generacional claro y con una rentabilidad en números rojos, advierten que el tejido ganadero de Málaga podría sufrir un desmantelamiento irreversible en los próximos años.
El único subsector que ha mostrado cierta resiliencia ha sido la avicultura, que ha logrado mantener precios estables tanto en carne de ave como en huevos, aunque no es suficiente para compensar el desplome general del valor económico de la ganadería provincial. El año 2026 se presenta como un ejercicio decisivo para intentar revertir esta curva descendente y salvar una actividad esencial para el mantenimiento del paisaje y la población rural.
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