La Región de Murcia declara la emergencia fitosanitaria tras la pérdida de 6.100 hectáreas de cultivo por plagas
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La Mesa de Sanidad Vegetal de la Región de Murcia ha emitido un informe alarmante este 19 de marzo, confirmando la pérdida de más de 6.100 hectáreas de hortalizas debido a la presión insostenible de plagas y la falta de materias activas eficaces. El sector demanda con urgencia al Ministerio de Agricultura la autorización excepcional de productos fitosanitarios para salvar lo que resta de campaña.
Los cultivos de lechuga y brásicas son los más afectados, con miles de hectáreas que no han podido ser comercializadas. Esta situación genera un agravio comparativo frente a competidores de terceros países que operan bajo normativas menos restrictivas.
La situación fitosanitaria en la Región de Murcia ha alcanzado un punto crítico. Tras la reunión mantenida por la Mesa de Sanidad Vegetal, presidida por la consejera Sara Rubira, se ha cuantificado un daño histórico: 6.100 hectáreas de cultivo se han perdido definitivamente. El desglose de los daños es devastador para el sector: 4.000 hectáreas de lechuga, 1.500 de brásicas, 300 de apio y otras 300 de alcachofa han sucumbido ante la proliferación de plagas como el trips y la mosca blanca, exacerbadas por un invierno inusualmente cálido.
El Gobierno regional, en coordinación con las organizaciones agrarias Proexport y Fecoam, ha elevado una queja formal al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Se reclama la puesta en marcha de un protocolo de anticipación que permita tramitar autorizaciones excepcionales para el uso de materias activas específicas que actualmente están restringidas. Según los técnicos, la pérdida de eficacia de las herramientas autorizadas actualmente está dejando a los productores totalmente desprotegidos ante las nuevas amenazas biológicas.
La consejera Rubira ha subrayado que esta crisis no solo afecta a la rentabilidad del agricultor murciano, sino que supone una pérdida de competitividad directa frente a producciones de otros Estados miembros de la UE y, especialmente, frente a las importaciones de terceros países. En estos territorios se permite el uso de sustancias que en España están prohibidas, creando lo que el sector denomina un 'desierto tecnológico' para la protección de cultivos en la cuenca del Segura.
Además del impacto inmediato en la producción, el sector advierte de las consecuencias en el empleo rural. La pérdida de estas hectáreas conlleva una reducción drástica en las jornadas de recolección y en el trabajo en los centros de manipulado y envasado. El impacto económico se estima en decenas de millones de euros, afectando a la balanza comercial de una región que es considerada 'la huerta de Europa'.
Como medida de urgencia, se ha propuesto la creación de un plan de choque que incluya no solo la vía química, sino también el refuerzo de la lucha biológica y la investigación en variedades resistentes. Sin embargo, los agricultores insisten en que estas soluciones son a medio plazo y que la necesidad de productos curativos es inmediata para evitar que la campaña de primavera corra la misma suerte que la de invierno.
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